21 de diciembre de 2011

Filematología.

Quería aprender de esa ciencia de la que muchos ya la consideraban experta, quería elaborar sus propias hipótesis a partir de distintas salivas y labios tensos que de manera predecible y aburrida siempre le suplicaban por lo mismo. Ellos pensaban que sabían leer la constelación que dibujaban los lunares de su espalda, pero en el momento en que sus manos se aferraban a aquellas caderas sabían que habían pecado de ingenuos, y pecaban de algo más, antes de llegar al séptimo cielo.
Ella seguía buscando enredada en distintas sábanas, extasiada entre aromas de jazmín y almizcle que le hacían vender su cuerpo sin remordimientos ni conciencias al mejor postor. Simplemente alguien más que añadir a su colección de oxitocinas y adrenalinas.

16 de diciembre de 2011

Cólera e ira expresadas con acciones descompuestas o palabras altivas e injuriosas,

La risa por fuera, y por dentro fatal.
Nace solo y vive solo, porque tiene miedo a conocer, a conocerse, y solo ve a gente y no a personas cuando otros le regalan su tiempo y parte de sus vidas. Está muerto por dentro desde que nació, pero su coraza lucha contra viento y marea y le nutre en falsedad. Y cómo hará para ocultarla, para que parezca que es su propia piel la que destila confianza en sí mismo e indiferencia hacia todo lo demás, para que parezca que es su propia piel la que aguanta el chaparrón, cuando todo eso no es más que un simple ritual de tristeza que se repite cada vez que parpadea, que no es más que un fantasma que se ha dejado caer por este mundo y erra con su antifaz siempre puesto. Olvidó quitárselo y crecer por dentro. Con aparentar fuerza y valentía, aún tratándose de un niño endeble de más de veinte, jugando a este juego macabro en total soledad, le valía (y le vale).
Su vida está vacía cual cáscara de nuez. Todo lo que tuvo lo destruyó, vive sin motivos e ilusión, quizás ni él mismo sepa por qué. Quizás sean las ganas inexplicables de quedarse solo.
Lo único que tiene dentro de su redil se está pudriendo por dentro, ni es capaz de sonreír. Cualquiera podría liberarse de cadenas y saltar los listones, pero ella prefiere perderse en una espiral de odio, rencores, riñas, celos, envidias, distancias, frío, temor, gritos y angustias. Prefiere seguir colgada del padre de la soberbia. Prefiere seguir colgada de un móvil y derramando lágrimas a empezar de cero y aprender a sonreír de nuevo.
Que por amor se hacen muchas tonterías, y por todas estaría dispuesta a entregar mi razón, cuando mis manos no tropiecen con unos grilletes.

deviantart.com



14 de diciembre de 2011

Don't stop me now.

Querría meterme en la ducha y no salir en 365 días. Quizás ni ese tiempo sería suficiente para quitarme toda la suciedad que tengo metida dentro de la cabeza, ese tipo de suciedad que no se quita con jabón, sólo con la conciencia y la razón, eso de lo que precisamente muchas (quizás, demasiadas) veces he carecido.
Intento seguir siendo una ilusionista. Quiero seguir sorprendiendo a cualquiera que se ofrezca a escucharme, incluso a mí misma. Ya aprendí a levantar los pies del suelo, y de hecho me he pasado toda la vida así, sin preocuparme por qué habría abajo, sin preocuparme por lo que vendría después. Así es que me he caído.

Porque he tardado en comprender lo que mucha gente aún ignora, que uno no se puede esconder de la vida entre renglones de libros que narran historias de dragones, o entre los propios renglones que escribe uno mismo. Que la vida no consiste en elegir ropa para desfasarse un sábado, en pintarse las uñas o en tener como mandamientos decenas de canciones. Tampoco podemos alejarnos de los problemas al colgarnos de cualquier fin de semana, y da igual que los dejemos olvidados en el fondo de un vaso intentando esbozar una sonrisa. Probablemente ningún niño se emocionará leyendo mis propias palabras en algún libro, probablemente nunca pueda vivir alejada de la civilización con el único propósito de fotografiar lo que vivo.
Porque mi edad y mis ilusiones, y mis ganas de ilusionar, son ajenas a todo lo que estoy viviendo, ajenas a la realidad. Parece que ya no me quedan más dados por tirar, y que la lección es dura de asimilar.

Entonces ya conozco la verdad. Pero he optado por olvidarla. A pesar de haberme caído, me he vuelto a levantar, me he atrevido a volar, y entre lluvia, nubarrones negros y un viento que tiraban a dar, he podido ver los rayos del sol otra vez.

Dame fuerte en la entrepierna
no me dejes que me duerma
que esta noche me las piro a
enseñarle los dientes al mundo contigo.

12 de diciembre de 2011

Ojos que no ven.

Tiene los ojos rojos, de derramar lágrimas que en vano se han perdido a lo largo de su piel, en vano se han perdido por él. Sus labios rojos, no porque estén teñidos de ese color característico que surge al besar otros, sino porque ella ha decidido maquillar su miedo y sus dudas. Procura que se pierdan con el azúcar en el fondo del café.
Sus heridas son poco visibles a los demás, incluso para ella.
Pero siguen sangrando.

8 de diciembre de 2011

Me llamarían loca.

Todavía no he olvidado los baches que solía encontrarme en mi camino antes de que se cruzara con el tuyo. Tenían su encanto, eran pequeños obstáculos que procuraba saltar con una sonrisa, con la melena al viento. Pero el camino que me ofreciste resultó arrancarme aún más sonrisas. Con el paso del tiempo ya no nos podíamos permitir caminar por vías paralelas, que otras manos tomaran las nuestras o que otros ojos se atrevieran a adivinar nuestros secretos. Éramos tú y yo. Tú y yo. Un solo camino, dos cuerpos, quinientos besos, millones de sensaciones. Y sigues arrancándome sonrisas.
Y yo que no quería encontrarme bifurcaciones, o corazones que me despistaran, ahora mismo no sabría cómo volver a caminar sola. Sin tus pasos para guiarme por si me pierdo, sin la droga que me ofreces y me hace pensar en ti a cada paso que doy, cada vez que respiro. Y sigue siendo demasiado poco. 
Si lo supieran, me llamarían loca...


4 de diciembre de 2011

La delgada línea.

Dos hombres de negro que pasean sin tambalearse entre la delgada línea que tristemente existe entre el amor y el odio.
-      Me alegro de que le hayan ascendido. Eso sin duda significará que tiene lo necesario para poder pasearse por aquí, entre alegrías y calamidades. Que tiene lo necesario para poder juzgar y comprender. Necesito retirarme con la sensación de que usted podrá encargarse de todo esto como yo lo hice, o mejor aún.
-        Claro que sí. No se preocupe.
No detienen el paso entre tantas sensaciones de intensidades tan diferentes, que ya conocen o creen conocer, a las que ya están tan acostumbrados. El que es más viejo, aquel que pronto desaparecerá, hace un alto.
-        ¿Qué espera encontrarse aquí?
-        Bueno, lo de siempre. Desde pequeños engaños de una noche y promesas de créeme que no lo volveré a hacer, hasta la maté porque era mía.
-        ¿Algo más?
-        Claro, mucho más. Dudas, remordimientos, promesas, pequeños pensamientos que para ellos no pintan nada dentro de su cerebro cuando todo va bien, cuando no podría ir mejor. Pensamientos que intentan acallar, pero sin éxito, pensamientos que les hacen preguntarse si por esta vida es mejor caminar solo. Y yo no les culpo. Nuestra mente siempre dio mucho que hablar.
-        Sí, estoy de acuerdo. ¿Algo más?
-        Celos. Ellos mismos saben que son incomprensibles, pero siempre fueron capaces de derrumbar hasta al más fuerte, de arruinar un momento perfecto. Y que alguien mate por ello, en fin... Triángulos amorosos destinados al fracaso. Engaños, besos de terceros en unos mismos labios. Manchas de carmín en camisas descuidadas. Lágrimas derramadas que emborronan miradas, muchas de ellas perdidas en vano. Y hasta que uno se da cuenta de cuánto ha perdido el tiempo, transcurren segundos, minutos y horas de una vida que podría estar teñida de risas, y que sin embargo está hecha añicos. Quizás algunos nunca abran los ojos, o cuando quieran hacerlo ya sea demasiado tarde. Por eso me encuentro aquí, supongo… Usted ya sabe de lo que hablo. Me entristece saber que la humanidad tenga tanta facilidad para odiar después de haber amado a una persona, sobre todo cuando muchos piensan que nadie podrá llegar a amar como ellos han amado, aman o amarán. Qué irónico, ¿verdad?
El más viejo no se pronuncia. Llegan al final del trayecto. El que aspira a caminar sin tambalearse sobre la delgada línea que separa el amor del odio suelta una floja risilla.
-        Desconocía que esta línea tuviera fin, la verdad.
-        Pues eso sí que me entristece. ¿No tiene nada más que decirme?
-        No, señor. ¿Qué más quiere que le diga? Conozco todo lo que el ser humano es capaz de hacerle al prójimo por amor. El ser humano todo lo destruye, incluso aquello que no es material, todo lo degrada, con todo acaba.
-        Pues lamento decirle que no será usted el que consiga caminar por esta línea sin tambalearse y sin caer de ella, pues lo único que conseguirá será consumirla aún más. No quiero aquí a alguien que solo sepa leerle al mundo las malas noticias, que piensa que el amor está en decadencia o los besos a terceros no se pueden perdonar. No quiero a alguien que olvida que aún queda gente cargada de sinceridad, cargada de carcajadas por compartir, sueños, esperanzas y alegrías que regalar, caricias sinceras que como descarga eléctrica aportan sensaciones a otra piel, día a día, noche tras noche.

Un día, quinientas sonrisas...

2 de diciembre de 2011

Si dejas de sonreír, yo me apago.

Te equivocaste, dejaste de inyectar sonrisas sin anestesia, te olvidaste de los besos por sospresa, de las carcajadas que mataban, mataban de alegría y sinceridad. Te olvidaste de vivir las mañanas sin sol, las noches sin Él, los momentos en los que la vida te da la espalda, pero tu sonrisa también se perdió cuando quiso visitarnos un día de otoño el Astro Rey, cuando sí tenías con quien compartir tu colchón y tus poesías de cañería.
Olvida un poco el porvenir, tus miedos y todo lo que te inquieta. Dale un giro a todo ello, disfruta de los detalles diminutos que se esconden en esas mañanas de lluvia, en el ajetreo del metro o en el fondo de sus ojos cuando te mira. No puedes controlar lo que te rodea, pero tú sigues siendo tú en esencia, y lo que hace de ti una persona, lo que te hace ser tú misma, tal y como eres, eso sí que lo tienes. Aférrate a ello. Descubre horizontes nuevos. Crece.
Quiero que seas tú misma, quiero ver la luz de tu mirada aunque vaya a extinguirse la que ilumina al Mundo entero.